La belleza de la madurez: Una reflexión necesaria de Roberto Toribio
En nuestra búsqueda por reivindicar una cinofilia seria y pausada, nos cruzamos con reflexiones que merecen ser compartidas y analizadas con detenimiento. Hoy tenemos el placer de publicar, con su generoso permiso, un texto de Roberto Toribio Casares (propietario del afijo Legend Continues Siberians y administrado del grupo de Facebook Siberian Husky Educacional
Roberto nos invita a mirar más allá de los campeonatos relámpago y a redescubrir la «edad dorada» de nuestros ejemplares. Una lectura imprescindible para criadores, jueces y aficionados que entiendan que un perro es mucho más que un listado de títulos antes de los tres años.
Reflexión….¿Qué opinas tú?
Reflexión personal
Una vida de inquietudes, de búsqueda constante de aprendizaje, de experiencias y de personajes irrepetibles, ese ha sido el motor y el resumen de mi camino.
Seguramente nunca imaginé que llegarían a mi mente reflexiones como la que hoy quiero compartir, ya que las reflexiones, en muchas ocasiones, no se fabrican de forma intencionada; simplemente brotan en un determinado momento de madurez, mostrándose con claridad inesperada.
Me remonto a mis razas del alma:
los siberianos y los samoyedos y a mis viajes a lo que considero la “meca” de ambas razas:
Estados Unidos, con sus Nationals,
Reino Unido, con Crufts.

Cuando comencé a comprender verdaderamente estas razas, lo hice observando ejemplares en su máxima madurez. Me refiero a perros presentados por sus criadores , propietarios o handlers con 6, 7, 8, 9 o más años.
Sin embargo, actualmente en Europa —y especialmente en España— percibo una tendencia en las nuevas generaciones (criadores, expositores y gestores): una carrera vertiginosa por exhibir perros, completar campeonatos en tiempo récord y acumular títulos. Todo ello conduce a carreras de exposición muy cortas, donde perros de apenas 2, 3 o 4 años son rápidamente reemplazados por una nueva generación.
En distintas exposiciones, durante las finales de grupo, me he acercado a preguntar la edad de perros que me llamaban la atención. De más de cien ejemplares, apenas un 10% superaban los cinco años.
Ante esta realidad da la sensación de que el ciclo natural se ha acortado por decreto.
Los perros terminan en sus kennels o jardines, y nos privamos a nosotros mismos ( los criadores ) de contemplarlos en lo que probablemente sea su mejor momento biológico.
qué perdemos con esto?
Perdemos la posibilidad de disfrutar de la extraordinaria madurez de las razas. Perdemos la capacidad de valorar con justicia a aquel o aquella joven que quizá no nos impresionó en su momento, simplemente porque aún no había alcanzado su plenitud.
Perdemos perspectiva, criterio y profundidad en resumen perdemos información dejando ir sementales o hembras de cría que son mucho más interesantes de lo que pudimos pensar
Nos perdemos su “edad dorada”: ese momento en el que el perro posee toda la información, toda la expresión y todo el equilibrio que puede ofrecernos.
Recuerdo con total claridad los perros que me llevaron a las experiencias más intensas —casi catárticas— nunca tenían menos de cinco o seis años. Y podría mencionar, sin temor a equivocarme, cientos de ejemplares extraordinarios con 7, 8, 9 años o incluso más.
La pregunta es inevitable:
¿sería posible reconducir esta tendencia?
Propongo una idea, quizás discutible, pero que invita a la reflexión:
¿y si existiera en las exposiciones una clase de madurez? Por ejemplo, una categoría que abarcase de los 3 años en adelante en la que desde ahí específicamente se podria optar por el campeonato de un país ?? Cumplido el objetivo esos perros pasarían a clase campeones, donde podrían seguir mostrándose y evolucionando, permitiéndonos observarlos a los 6, 7 u 8 años en su plenitud.
Dejo claro esta otra reflexión ;
Desde mi punto de vista, las exposiciones no son el fin en sí mismas, sino un soporte o el escenario donde te proporciona una concentración de mas ejemplares y donde podemos observarlos, compararlos y verlos juntos sin necesidad de desplazarnos a 10 criaderos diferentes a verlos
Personalmente, pocas cosas me producen tanta satisfacción como salir al ring con un perro adulto, en su mejor momento.
Roberto Toribio
