Pasión, método y selección: Las claves en la cría del Maneto

Criar no es una ciencia exacta, pero el éxito de una camada rara vez es fruto de la casualidad. De la mano de Mario Jiménez Reyes, titular del afijo «El Granaino» criador de Manetos y secretario de la asociación Maneteros, nos adentramos en el exigente proceso de selección de una de nuestras razas caninas españolas más singulares y funcionales: el Maneto. Desde la meticulosa elección de los progenitores hasta el trabajo diario de socialización y habituación a los ruidos con los cachorros, este artículo desgrana un método práctico basado en el equilibrio perfecto entre la tipicidad morfológica y la aptitud innata para la caza. Una lectura imprescindible para entender que el futuro de la raza se forja con paciencia, constancia y desde el primer mes de vida

CRIA Y SELECCIÓN DEL MANETO

Se han escrito muchas páginas sobre la cría y selección de las muchas y numerosas razas de perros de caza que existen hoy en día, donde se viene a decir que, cada maestrillo tiene su librillo. Unos se basan en estudios genéticos, otros en sus propias experiencias que han adquirido a lo largo de los años, y otros, lo dejan a lo que decida la madre naturaleza, y aun así, sigue siendo un misterio para la mayoría de los criadores.

Como se suele decir, cuando hablamos de criar, dos más dos no son cuatro. Yo no estoy de acuerdo en hacer una monta o un cruce de dos ejemplares por habladurías (fulano tiene una perra muy buena cazando, el perro de menganito es una máquina, etc.) ; yo opino que la cría y selección empieza con la elección de los ejemplares más idóneos para nuestras pretensiones. Para ello nos tenemos que preguntar: ¿qué busco o qué quiero conseguir con esta monta?

El criterio de selección: Morfología y afición

Para tener una alta probabilidad de éxito con el cruce (recordemos que esto de criar no es una ciencia exacta) debemos seleccionar los reproductores por las cualidades que pueden aportar a la monta. Para ello, debemos conocer las características de cada progenitor, tanto morfológicas como de trabajo, ya que el maneto, al ser un perro para cazar, debemos buscar las dos virtudes. O dicho de otra manera, hay que buscar que el perro tenga afición sin descuidar la morfología típica del maneto.

El primer mes: Olor, voz y primeros estímulos

En este apartado voy a hacer un pequeño resumen de cómo actúo yo cuando crío: Al mes de haber nacido los cachorros, es cuando empiezo a trabajar con ellos, tanto la socialización como la asimilación o adaptación a los ruidos.

Lo primero que hago es manosearlos, hablarles y chiflarles a diario, para que empiecen a reconocer mi olor y mi voz. Seguidamente, para despertar su olfato y lo asocien a algo bueno, les doy paté para cachorros de corta edad con la mano y los dejo que me laman los dedos hasta que apuran la comida; esto lo asocian muy rápido.

De la habituación al ruido a la iniciación con el conejo

A los pocos días avanzo en mi estrategia: mientras les doy de comer con una mano, golpeo un panel de madera con la otra para simular una pequeña detonación y observo sus reacciones al ruido. Cuando lo tienen asimilado, cambio la cronología: empiezo golpeando el panel de madera y acto seguido les doy de comer para que asocien que después del ruido viene la recompensa, observando sus reacciones.

Pasados unos días, los someto a diferentes ruidos, como el ruido de un taladro, una radial o un martillo golpeando una chapa de metal, etc. Ojo, estos ruidos hay que meterlos poco a poco y a cierta distancia de los cachorros y, en función de cómo reaccionen, actuaremos la próxima vez, acercándoselos o alejándoselos. No olvidemos que muchos cachorros se estropean por malas acciones de los propietarios. Con esta edad, los cachorros empiezan a darme mucha información de por dónde pueden ir los tiros, en cuanto a su carácter y su capacidad para asimilar diferentes ruidos.

Ya con tres meses, les pongo a la vista un conejo vivo dentro de una jaula, para que no puedan morderlo, y observo cómo reaccionan al mismo. Conforme van cogiéndole interés al conejo, aprovecho para introducirles la detonadora de fogueo, simulando un disparo, para reforzar la asimilación a los ruidos fuertes; prácticamente a estas alturas ni se enteran de la detonación ya que el conejo les despierta más interés.

El veredicto del campo: Caza real

Superada esta fase, les suelto un conejo en el campo, para que empiecen a buscarlo por el rastro simulando la caza real. Con esto lo que pretendo es sacarles el instinto cazador; aquí el perro ya me está dando el 70 u 80 por ciento de la información que yo quiero saber de él.

Con cinco o seis meses, empiezo a llevarlos con uno o dos perros veteranos al campo de cacería, normalmente con la madre y/o el padre, para introducirlos en la caza real. Pasada esta fase, donde los cachorros han cogido cierta experiencia, solo queda darles: CAMPO, CAMPO Y MÁS CAMPO

P.D.: En los primeros meses de vida de los cachorros no podemos descuidar su alimentación, higiene, desparasitación y vacunación.

Mario Jiménez Reyes

El futuro se forja en el campo

El testimonio de Mario Jiménez Reyes nos recuerda la esencia misma de la cinofilia responsable: la cría no es un capricho estético ni una tómbola de barra de bar, sino un compromiso con la funcionalidad y la salud de nuestros perros. La receta que nos comparte el autor no tiene atajos; requiere dedicación absoluta en las primeras etapas y, sobre todo, la dosis definitiva que consagra a un buen perro de rastro: campo, campo y más campo.

Agradecemos al Club del Maneto y a Mario su generosidad al compartir estas páginas con los lectores de Cinofilia.es. Conservar la pasión por nuestras razas autóctonas depende, precisamente, de dar voz a quienes se manchan las botas cada día en el criadero y en el terreno de juego.

Fuente: Facebook de Mario Jimenez Reyes

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