El panorama de la cinofilia española actual es un puzle de contrastes difíciles de encajar. Por un lado, las redes sociales arden con las quejas de criadores y aficionados que sienten el vacío de las instituciones oficiales y ven con angustia cómo algunas de nuestras joyas genéticas entran en la lista de «razas vulnerables». Por otro, nos llegan noticias que desbordan éxito, como el Premio Ramon Llull concedido a la asociación del Ca Eivissenc, cuyo presidente lanzaba una cifra que debería hacernos pensar: 300 ejemplares reunidos en su último campeonato en Cuenca.
¿Cómo es posible que una raza movilice a 300 perros en el campo y, apenas unas semanas después, cueste encontrar una sola inscripción en el ring de una exposición internacional? Algo está fallando en el puente que une la moqueta con el barro y es momento de preguntarnos el porqué.
Fotos publicadas en el Facebook de ASSOCIACIÓ OFICIAL DE CRIADORS DES CA EIVISSENC
El reciente concurso en Tineo nos dio una clave visual y sensorial. Allí no hubo pabellones asépticos ni moquetas impecables; hubo 400 perros de caza, sabuesos españoles y rastreadores, rodeados de gente que fue allí, como dicen los aficionados, «a oler a perro mojado y a tierra». Es la cinofilia de los tonos verdes y ocres, de la ropa de cacería y la familia al completo compartiendo un bocadillo a pie de campo.
Este ambiente contrasta radicalmente con el de las exposiciones de belleza, donde el handler luce traje y corbata mientras acicala un manto bajo focos artificiales. No es que un mundo sea mejor que el otro, pero parece que el propietario de nuestras razas —el del Perdiguero de Burgos, el del Sabueso o el del Xarnego— se siente un extraño en ese certamen. Se siente incómodo en un entorno que percibe como ajeno y donde, a veces, se topa con jueces que no terminan de comprender la morfología funcional de su perro, llegando a una sensación de menosprecio que aleja al aficionado de la oficialidad.
La fractura de los Clubes y la Realidad de las Razas
El problema se agrava cuando dentro de una misma raza encontramos dos clubes: uno enfocado a la oficialidad y la belleza, y otro a la funcionalidad. Esta bicefalia es, quizás, uno de los grandes errores que deberíamos corregir. El perro es uno. No debería existir un Galgo de exposición y un Galgo de campo, ni un Perro de Agua que pierda su esencia rústica por una moda estética.
El éxito de la reciente Monográfica de Galgos en Talavera de la Reina, con 40 ejemplares, ha sido un hito comparado con la media de los rings, pero sigue siendo una cifra modesta frente a la marea de aficionados que arrastra un concurso galguero en cualquier pueblo de España o sus masivas competiciones deportivas. El mensaje es claro: la afición está viva, pero no se identifica con el formato oficial.
Fotos publicadas en la página Facebook de la Federación Española de Galgos
Caminos para el debate: ¿Podrían estas medidas ayudar?
Para que nuestras razas españolas salgan de la vulnerabilidad y recuperen su sitio, no sirven las imposiciones, sino buscar soluciones basadas en la realidad. Quizás, abrir el debate sobre estas propuestas ayude a encontrar el camino:
- Fomentar jueces con «Criterio de Campo»: Tal vez si contáramos con más especialistas que conozcan la raza en su hábitat de trabajo, el criador sentiría que el juez respeta la utilidad de su animal y se animaría a volver al ring.
- Explorar la descentralización y los entornos naturales: Quizás si la cinofilia oficial saliera de los recintos feriales y organizara monográficas o registros iniciales en ferias rurales, se facilitaría la participación del propietario que hoy huye de la ciudad.
- Simplificar el acceso al Registro (LOE): Para el aficionado al Sabueso Español, encontrar un perro con LOE para cruzar es hoy casi un «milagro». Buscar fórmulas para reducir la burocracia y realizar campañas de recuperación genética a pie de campo podría ser una medida vital.
- Promover la unificación de criterios en los Clubes: Trabajar para que funcionalidad y morfología vuelvan a ser dos caras de la misma moneda, anteponiendo siempre el bienestar del perro a cualquier otro interés.
- Dignificar las Finales con nuestra Identidad: Darle a las finales de Razas Españolas un horario y una puesta en escena que respete nuestra idiosincrasia podría devolver el orgullo de pertenencia al criador de base.
Conclusión
Si no somos capaces de entender que el Podenco, el Galgo o el Sabueso son patrimonio cultural vivo, terminaremos teniendo razas «de museo» en los libros de registro mientras el verdadero valor cinófilo sigue en el monte, desconectado de la oficialidad.
Es hora de reflexionar si debemos dejar de mirar tanto las corbatas y empezar a mirar más al perro. El futuro de nuestras razas no se escribirá solo en un despacho, sino en la capacidad que tengamos de unir el rigor genético con la verdad de nuestra tierra.
